-Yo no dije nada. -lo escuché decir- Es que nunca he sido capaz de verbalizar la verdad. Sucede que en la realidad, en mi voz, nunca despierto. Es como si se estuvieran escondiendo los deseos en los nombres, las oraciones. Y yo sé que nadie se pondrá a interpretar lo latente, lo no dicho.
Quise preguntarle entonces qué escondía ahora, pero yo sabía que quería que me pusiera a pensar en una respuesta. Espejos, pensé. Espejos de a de veras. No de esos que te pones frente a ellos y te enseñan sólo lo que pueden. Éste era de verdad. Me reflejaba completito.
O.
jueves, 12 de noviembre de 2009
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